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APROXIMACIÓN AL DIÁLOGO INTERCULTURAL EN LAS RELIGIONES ABRAHÁMICAS. En el diálogo intercultural de las religiones del Libro o religiones abrahámicas, la confesión de un único Dios liberador lleva consigo la confesión de una única humanidad. Sin embargo, en este sentido, dichas religiones no se han constituido realmente en universales y, en consecuencia, deben liberarse de sus fanatismos, de sus reduccionismos, del individualismo y de su positivismo normativo, legal y dogmático, para que, de verdad, pueda producirse un diálogo intercultural. Tal vez estemos de acuerdo en que Dios no es un Dios de muerte, sino de vida, no es un Dios de escasez, sino de abundancia; no es el Dios de los grandes opresores, sino de los pequeños oprimidos; no es el Dios de la dominación sino de la liberación. Pero, en la práctica, ¿cuál es el modo de actuar, en el seno de las religiones?. De las religiones abrahámicas, la cristiana tiene seguidores entre todos los pueblos y naciones pertenecientes a la cultura occidental, mal llamada civilización cristiana; la islámica, preponderantemente en países de África y Asia; la judía, en sectores sociales más pudientes y en el Estado de Israel. Pues bien, llegado el momento histórico de constituir realmente una sola humanidad, ¿estamos dispuestos a que valga más el ser seres humanos, personas sujetos de derechos y deberes, que el ser miembros de un pueblo, de una nación o de una religión?. No se trata, pues, de quitar las diferencias sino de subrayar lo esencial, realizando en este caso una verdadera reducción trascendental en favor de "lo humano", lo que es de gran implicación práctica, cultural, social y política. El texto siguiente resuma la propuesta intercultural y religiosa de Ellacuría, formulada en un encuentro abrahámico, en Córdoba, el año 1.987: "La vida y la fe han de vivirse en formas históricas muy concretas y de formas personales muy particulares, pero son la misma vida y la misma fe. Hoy el mundo está dividido y enfrentado. El capitalismo hace de los económico la última instancia determinante de todo lo demás (...); es el economicismo materialista que se recubre con apariencias ideologizantes de toda especie. El marxismo-leninismo hace del poder la última instancia determinante de todo lo demás; hay que asegurar el poder del Estado (...); es el politicismo materialista por antonomasia, que se recubre también con toda suerte de ideologizaciones. Frente a ellos está la universalidad única de la humanidad, la posible asunción de la diversidad de los pueblos, en la unidad de la humanidad. Es la nueva etapa de la historia y lo es porque, de lo contrario, la humanidad perecerá (...). No será directamente Dios quien destruya la vida sobre la tierra; Los hombres autoconvertidos en dioses están ya preparados para hacerlo. Lo están haciendo por la expoliación y la polución de la naturaleza, pero están dispuestos a culminar la destrucción con la energía nuclear. Nada más inhumano, nada más antidivino, nada más irracional que este individualismo y este positivismo de las naciones, que no pueden entenderse entre sí, ni llegar a acuerdos más que amenazándose mutuamente con la guerra nuclear. Las religiones de vida, las religiones de promesas utópicas, las religiones monoteístas y monosalvíficas pueden y deben impedir esta locura colectiva y lo harán si instauran el reino de Dios como reino del pueblo entero de la humanidad" (1) Sobre esta reflexión global, convendría establecer cuáles son las condiciones previas del diálogo intercultural (abstraernos de prejuicios, actitud de escucha, sentido de igualdad y de unidad en la pluralidad...), diálogo tan necesario en nuestra vida cotidiana y en la historia actual de la Humanidad. José Mora Galiana (1) ELLACURÍA, IGNACIO: "Aporte de la Teología de la Liberación a las religiones abrahámicas", en "Escritos teológicos II", UCA, San Salvador, 2000, pp. 230-231. |