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1.Aproximación al diálogo interreligioso. José Mora

APROXIMACIÓN  AL  DIÁLOGO  INTERCULTURAL

EN  LAS  RELIGIONES   ABRAHÁMICAS.

 

En el diálogo intercultural de las religiones del Libro o religiones abrahámicas, la confesión de un único Dios liberador  lleva consigo la confesión de una única humanidad. Sin embargo, en este sentido, dichas religiones no se han constituido realmente en universales y, en consecuencia, deben liberarse de sus fanatismos, de sus reduccionismos, del individualismo y de su positivismo normativo, legal y dogmático, para que, de verdad, pueda producirse un diálogo intercultural.

Tal vez estemos de acuerdo en que Dios no es un Dios de muerte, sino de vida, no es un Dios de escasez, sino de abundancia; no es el Dios de los grandes opresores, sino de los pequeños oprimidos; no es el Dios de la dominación sino de la liberación. Pero, en la práctica, ¿cuál es el modo de actuar, en el seno de las religiones?.

De las religiones abrahámicas, la cristiana tiene seguidores entre todos los pueblos y naciones pertenecientes a la cultura occidental, mal llamada civilización cristiana; la islámica, preponderantemente en países de África y Asia; la judía, en sectores sociales más pudientes y en el Estado de Israel. Pues bien, llegado el momento histórico de constituir realmente una sola humanidad, ¿estamos dispuestos a que valga más el ser seres humanos, personas sujetos de derechos y deberes, que el ser miembros de un  pueblo, de una nación o de una religión?.

No se trata, pues, de quitar las diferencias sino de subrayar lo esencial, realizando en este caso una verdadera reducción trascendental en favor de "lo humano", lo que es de gran implicación práctica, cultural, social y política.

El texto siguiente resuma la propuesta intercultural y religiosa de Ellacuría, formulada en un encuentro abrahámico, en Córdoba, el año 1.987:

 

   "La vida y la fe han de vivirse en formas históricas muy concretas y de formas personales muy particulares, pero son la misma vida y la misma fe. Hoy el mundo está dividido y enfrentado. El capitalismo hace de los económico la última instancia determinante de todo lo demás (...); es el economicismo materialista que se recubre con apariencias ideologizantes de toda especie. El marxismo-leninismo hace del poder la última instancia determinante de todo lo demás; hay que asegurar el poder del Estado (...); es el politicismo materialista por antonomasia, que se recubre también  con toda suerte de ideologizaciones. Frente a ellos está la universalidad única de la humanidad, la posible asunción de la diversidad de los pueblos, en la unidad de la humanidad. Es la nueva etapa de la historia y lo es porque, de lo contrario, la humanidad perecerá (...). No será directamente Dios quien destruya la vida sobre la tierra; Los hombres autoconvertidos en dioses están ya preparados para hacerlo. Lo están haciendo por la expoliación y la polución de la naturaleza, pero están dispuestos a culminar la destrucción con la energía nuclear. Nada más inhumano, nada más antidivino, nada más irracional que este individualismo y este positivismo de las naciones, que no pueden entenderse entre sí, ni llegar a acuerdos más que amenazándose mutuamente con la guerra nuclear.

   Las religiones de vida, las religiones de promesas utópicas, las religiones monoteístas y monosalvíficas pueden y deben impedir esta locura colectiva y lo harán si instauran el reino de Dios como reino del pueblo entero de la humanidad" (1)

 

Sobre esta reflexión global, convendría establecer cuáles son las condiciones previas del diálogo intercultural (abstraernos de prejuicios, actitud de escucha, sentido de igualdad y de unidad en la pluralidad...), diálogo tan necesario en nuestra vida cotidiana y en la historia actual de la Humanidad.

 

                                                                                                                   José Mora Galiana

 

 

 (1)  ELLACURÍA, IGNACIO: "Aporte de la Teología de la Liberación a las religiones abrahámicas", en "Escritos teológicos II", UCA, San Salvador, 2000, pp. 230-231.

Declaración de Berlín sobre el diálogo y la coexistencia de civilizaciones y culturas

Declaración de Berlín sobre el diálogo y la coexistencia de civilizaciones y culturas 

 

Basándonos sobre las dos resoluciones de la Asamblea general de Naciones Unidas de consagrar el 2000 y 2001, respectivamente, año de la cultura y de la paz y año del diálogo de civilizaciones,

Bajo la égida conjunta de la Organización islámica por la Educación, Ciencias y Cultura -ISESCO-, de la Liga del Mundo Islámico y de la Fundación caritativa Al-Khoei, y con la invitación de éstas, ha sido celebrado en Berlín, capital de la República federal de Alemania, el 5 de julio 2000, un coloquio internacional con el tema: “Diálogo y coexistencia de civilizaciones y culturas”,

Nosotros los participantes en este coloquio,

Deseosos de consagrar el ideal de diálogo y de la coexistencia de civilizaciones y culturas, de contribuir a la edificación de una civilización humana armoniosa y de afirmar nuestra voluntad común de trabajar juntos por el advenimiento de un futuro mejor para la humanidad.

Reclamamos desde nuestra adhesión a los valores humanos y a los principios del derecho internacional que emana del espíritu de civilizaciones y culturas,

Preocupados por cumplir el deber que nos compromete frente a las generaciones futuras, de asegurarles las condiciones de una vida digna en un mundo en que prevalece la justicia, el bienestar y la paz,

Movidos por la voluntad de sostener los múltiples esfuerzos que la comunidad internacional despliega a fin de instaurar la paz y la seguridad en el mundo y de difundir los valores de la coexistencia y de la tolerancia entre los pueblos y naciones, a través del diálogo objetivo y sincero,

Afirmamos lo siguiente :

1. El diálogo es una necesidad absoluta, un deber humano y una condición sine qua non a la realización de la coexistencia pacífica de los hombres, además de al imperativo de un compromiso igual de todas las partes interesadas, este diálogo apela también al apego a la consagración de los valores humanos, comunes a todas las civilizaciones y culturas,

2. El diálogo y la coexistencia de civilizaciones y de culturas contribuyen grandemente al acercamiento de los pueblos y naciones, ayudando a superar los bloqueos que surgen de la persistencia de equivocaciones y prejuicios infundados en la memoria colectiva de los pueblos. Es desde esta perspectiva que las élites intelectuales, culturales y científicas deben perpetuar el diálogo y ampliar sus horizontes.

3. Iniciar un diálogo más profundo y constructivo entre las civilizaciones y culturas pasa imperativamente por la multiplicación de simposiums mundiales que cubren varias áreas geográficas y culturales. Para este hecho, las iniciativas han de tomarse por los organismos de interés común, las universidades y los foros culturales y académicos. Estas gestiones colectivas tenderán a la promoción de la cultura de diálogo y coexistencia, el fin último que ha de favorecer el acercamiento y la armonía entre los pueblos y de consolidar los lazos humanos que existen entre ellos.

4. Proseguir la acción de cooperación, organizando más coloquios regionales e internacionales dedicados al tema del diálogo y coexistencia de civilizaciones y culturas, y tender puentes con los organismos y las universidades de Occidente para implicarles en esta cooperación que aspira a realizar los objetivos comunes a todos los pueblos y a reforzar este importante postigo cultural de la cooperación internacional.

5. El diálogo de culturas y civilizaciones debe liberarse del obstáculo de la historia que le impide contemplar las verdaderas cuestiones de actualidad. En revancha, este diálogo debe interesarse en las preocupaciones fundamentales de la comunidad internacional, dentro de la perspectiva de lograr fórmulas de compromiso y opciones alternativas a partir de matrices culturales y civilizacionales establecidas.

6. Es importante que este diálogo de culturas y civilizaciones se asienta sobre las bases del respeto mutuo entre los representantes de los diferentes modelos culturales y civilizacionales, de justicia y equidad. Este diálogo debe, por tanto, ser un estímulo para la comunidad internacional que debe servirse de él para inculcar los valores de la tolerancia y de la seguridad, de la paz y de la coexistencia de las culturas y civilizaciones.

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